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La curva de adopción de la innovación

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La famosa curva de Rogers de la difusión de innovaciones divide a las personas en función de la manera en la que adquieren y adoptan una nueva tecnología. Es la manera más sencilla de explicar cómo un nuevo avance se populariza rápidamente. Esta teoría establece diferentes categorías para separar a los individuos que aceptan las innovaciones en sus primeros momentos de vida de quienes lo hacen en etapas posteriores:

  • innovadores
  • adoptantes tempranos
  • mayoría temprana
  • mayoría tardía
  • rezagados

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La difusión de las innovaciones según Rogers (1962). En el gráfico, en azul los grupos de adoptantes de nueva tecnología en sucesión; en amarillo, la cuota de mercado hasta que finalmente se alcanza el nivel de saturación. Fuente: Wikimedia Commons

Conocer este comportamiento es muy importante a la hora de lanzar al mercado un nuevo producto o servicio. Si convencemos a los innovadores y a los adoptantes tempranos (early adopters, en inglés) de las bondades de nuestra idea, con mucha seguridad superaremos el abismo y alcanzaremos a la mayoría temprana, un paso fundamental para asegurarnos un lugar en el mercado.

El siguiente vídeo es un divertido ejemplo de cómo el comportamiento de unos pocos insistentes acaba por afectar a todo un colectivo:

Cuando rendirse no es una opción

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El día que decides emprender eres muy consciente de que no será un camino fácil. Lo has leído en multitud de entrevistas: es duro, pero merece la pena. Se trabaja mucho, es una dedicación full-life, pero no hay nada más reconfortante que sacar adelante un proyecto propio. Aún así, como en muchos otros aspectos de la vida, piensas que no será para tanto. Que la gloria llegará pronto. En tu caso todo irá rodado, tienes esa corazonada.

Lamentablemente, no es así. Las leyes de Murphy te atacan con toda su dureza y todo lo que puede salir mal, sale mal. Empiezas a entender el concepto “será duro”. Sacar adelante un proyecto es sacrificado y cuesta muchísimo esfuerzo, porque empezar algo de cero exige mucho tiempo, tienes que saber un poco de todo y si lo compaginas con el trabajo (sí, no todo el mundo se puede permitir dejar su trabajo para alcanzar sus sueños), consume todo tu tiempo libre. Pero además, cometes errores. Aprendes sobre la marcha. Te das cuenta de todo lo que te faltaba por saber cuando empezaste la aventura. Surgen imprevistos y el dinero se acaba. Te desgastas a nivel emocional. Las tareas se acumulan, avanzas muy lentamente y muchas veces tienes la sensación de que no lo vas a conseguir. Te agobias de pensar en la gente a la que estás defraudando. Piensas que no está hecho para ti. Valoras tirar la toalla.

Aún así, aguantas. Sabes que si abandonas, el camino recorrido no habrá servido de nada. Te consuelas en todo lo aprendido (ah, si volvieras a empezar). Un día descubres que lo que te pasa tiene nombre, es la montaña rusa del emprendedor. También escuchas esa otra voz que te dice que claro que puedes, que confíes, que al final todo saldrá bien. Quieres demostrar de lo que eres capaz. Así que tomas aliento y sigues el viaje.

Autoría de la imagen: Joshua Sortino (Mojave National Preserve, Kelso, United States)